Desde hace más de una década, la historia se repite casi todos los veranos. La llegada de las lluvias estivales es sinónimo de destrucción, de despojo, de sufrimiento para los moradores de Niogasta, Esquina y Sud de Lazarte, que padecen los embates del temible río Chico. Las tres localidades que dependen de la comuna Nueva Trinidad, se inundaron en febrero pasado y la humedad dio paso al salitre que ahora tiñe de blanco la tierra. Las familias piensan seriamente en abandonar los poblados.

"Gauchito Gil, San Expedito y Jesús, por favor, que no vuelva a llover"; "Esto es una pesadilla. Así no se puede seguir viviendo por aquí. En el verano uno vive más en medio del agua que en terreno seco. Y eso es porque no se trabaja en el río. Nos cansamos de pedir obras y no hacen nada"; "Para irse a vivir a otro lugar, hay que tener otra casa y trabajo. Además, una se crió aquí y tiene una forma de vida muy distinta a la de otros pueblos o a la de la ciudad". Son algunos testimonios de los anegados y damnificados que recogió nuestro diario en Niogasta y Sud de Lazarte en febrero pasado. Hace pocos días, sin que nada haya cambiado en cuatro meses, se escuchó: "Cuando el río se embravece sólo nos queda buscar un bordo y rezar. Rezar para que no nos lleve la creciente"; "Hace falta que el Gobierno se encargue del río. Se lo tiene que reencauzar y dragar, y construir defensas. Eso venimos reclamando desde hace años, pero no tenemos respuesta".

Las 150 familias de Esquina, Sud de Lazarte y Niogasta vivieron durante tres meses en medio del agua y luego entre la micosis y la dermatitis, enfermedades que dejan llagas y provocan sangrado. El elevado nivel de arsénico que contiene el agua que consumen más del 60% de los vecinos de estas dos últimas poblaciones inquieta a las autoridades sanitarias. De las 120 familias que viven en la zona, sólo 40 tienen agua potable. El resto se provee por medio de bombas manuales. En marzo, como consecuencia del anegamiento, hubo inconvenientes para iniciar las clases: docentes y alumnos llegaron a las escuelas a caballo, caminando kilómetros en el tractor comunal.

El director provincial del Agua dijo en marzo pasado sobre Sud de Lazarte: "El pueblo está mal asentado y no tiene solución". En su opinión, las causas de las inundaciones están vinculadas a la mano del hombre. "La paliza que le dieron a la naturaleza fue tal, que el desmonte produce el desborde de los ríos. No hay retención de agua en ningún lado, salvo en los diques artificiales", afirmó y anunció que en mayo iban a efectuar sembradíos de cañas huecas especiales que tienen una raíz que funciona como entramado y sostiene los terraplenes en el río Chico.

Se supone que el Estado debe ser un custodio del medio ambiente y aplicar rigurosamente al infractor. Desalentadas por las pérdidas constantes de sus bienes, el aislamiento y la falta de respuestas gubernamentales, estos comprovincianos difícilmente puedan recrear la esperanza porque tampoco les proponen ninguna salida a su drama.

Seguramente, sería duro para los gobernantes de turno si tuvieran que soportar las inundaciones y consumir a diario agua con arsénico, y si cansados de que sus representados no pudieran brindarles ninguna solución, debiesen que abandonar sus casas con una mano atrás y otra adelante porque estas fueron construidas décadas atrás en un lugar inapropiado.